Mi mente de viento (o sobre el TDA)

El viento es impredecible. 

Un día la brisa entra ligera por tu ventana y al siguiente trae consigo al huracán que la derrumba.

¿Has estado en una conversación donde se te ocurre una idea y en lugar de decirla dejas que la otra persona termine de hablar? ¿Qué haces con esa idea? ¿La guardas en tu cabeza hasta que sea tu turno? Cuando a mí me pasa lo que elijo hacer es olvidarla. Siempre que sucedía con Ale,  me decía que no entendía por qué no podía simplemente recordar la idea y decirla después. En ese entonces, mi explicación era que quería concentrarme en lo que la persona estaba diciendo y que estar pensando en mis propias ideas al mismo tiempo me distraía de hacerlo. Ahora creo que hay otra forma de explicarlo. 

Vámonos más atrás.  Desde pequeño tengo problemas regresando a mi punto en las conversaciones. Puedo hilar mis ideas de formas muy interesantes, pero usualmente las conexiones no son inmediatamente obvias y si no recuerdo dónde estaba el nexo, lo pierdo. En la primaria, Lucas decía que para seguirme el hilo de la conversación había que tener buena memoria. 

Es ahí donde puedo empezar a explicar mi problema. La memoria. Más específicamente la memoria de trabajo, que se refiere al proceso de almacenar información a corto plazo y utilizarla. Mi memoria de trabajo es muy limitada. Por eso me gusta escribir. Puedo decir todo lo que quiero sin miedo a perder el hilo a la mitad, y puedo tomarme el tiempo de trazar todas las conexiones que veo en el mundo. 

La memoria también está relacionada con la motivación, esa misteriosa sustancia con la que la ciencia tiene una relación poco estrecha. Sólo pueden observarse desde lejos, la ciencia impotentemente intentando definirla desde sus características externas. Esa es la razón por la que la ciencia ha avanzado poco en esta área. Toma en cuenta las acciones de las personas, pero no sus estados internos. 

Una forma de describir la motivación que a mí me parece muy apropiada es que es la habilidad de mantener una sola idea en tu mente de forma constante. Por ejemplo, si tienes la idea de ir al gym, mantienes esa idea y no es interrumpida por otras ideas como “qué flojo soy que no he ido”, o “se van a burlar de mí”, o “este video de tres horas de youtube se ve muy interesante”. 

Como ésta, hay otras áreas en las que la ciencia no ha sido suficiente para describir la experiencia humana y he buscado prestar más y más atención a otras perspectivas que intentan hacerlo. La ayurveda, por ejemplo, es un intento por acercarse a la salud desde un ángulo muy distinto al de la medicina alópata. Mientras que la medicina alópata busca dividir y reducir la enfermedad a sus causas específicas, como usar la misma vacuna en todas las personas para un mismo virus. La aryuveda, por otro lado, tiene un acercamiento mucho más holístico y ve la salud como algo individual a cada persona y que está relacionado con todo su cuerpo y su mente. 

La aryuveda separa a las personas en función de su elemento asociado. En particular me identifico con las mentes de viento, o vata. Como el viento, un momento están soplando en una dirección y el siguiente a la otra. Un segundo no sopla y al siguiente se crean ráfagas y torbellinos. 

¿Cómo hace alguien que no puede controlar a dónde va su atención? Podrían tomar la ruta que yo elegí por un tiempo y aprender a flotar en un parapento y tomar los vientos como vienen. Eso es muy útil para no caerte al precipicio, pero ¿qué pasa si quiero llegar a un lugar en específico? El viento nunca coopera por suficiente tiempo como para viajar hasta una tierra distante, digamos completar una maestría, o terminar una tesis. 

No puedo predecirlo. Me resigno a volar a donde mi viento me lleve.

Un día, por razones desconocidas para mí, el viento me dirigió al trastorno conocido como TDA, o ADD en inglés. Particularmente, el canal que me recomendó Fer: How to ADHD. Su creadora, Jessica, lo utiliza para hablar de su experiencia con este trastorno, explicar cómo afecta al cerebro y las herramientas prácticas y emocionales que podemos utilizar para vivir la vida que queremos. 

Antes de esto me negaba a aceptar lo mucho que me estaba identificando con los testimonios y descripciones de personas con TDA. La razón principal estaba relacionada a la desconfianza que le tengo a la psiquiatría como disciplina debido a la historia de abusos que comparte con la industria farmacológica. Y no me parece honesto hablar de salud si no tomamos en cuenta cómo nos afecta la terrible sociedad que hemos construido. Dicho eso, cada persona tiene derecho a querer funcionar y perseguir sus metas e intereses sin tener que transformar al mundo entero primero. 

Me tomó tiempo indagar en muchos recursos distintos, pero ahora puedo decir con seguridad dos cosas acerca del trastorno por déficit de atención.

Primero que nada, es real. Es real y no significa que las personas que lo tengan sean flojas o no funcionen correctamente. Su cerebro es distinto y existen en una sociedad que no está diseñada para ellas. Tiene sentido que batallen. Lo que podemos hacer es tratar de comprender más tanto nuestros propios cerebros, como los de las personas cuyos cerebros se desarrollaron de forma distinta. Este es un trastorno con un componente genético importante, por lo que es muy valioso tratar de comprenderlo, incluso si no lo tienes. Es muy probable que haya alguien en tu vida con TDA. 

Lo cual me lleva al segundo punto. Entre más he tratado de comprender el TDA, más entiendo lo desafortunado de su nombre. Aunque normalmente es asociado con niños hiperactivos que no pueden mantener la atención por más de unos segundos, el TDA se manifiesta de diferentes maneras en cada persona. Algunas manifiestan hiperactividad, pero un síntoma muy común es la habilidad de hiperconcentrarse en tareas por grandes cantidades de tiempo, lo cuál explicaría por qué hay tantas personas que llegan a la adultez sin ser diagnosticadas y por qué es más común diagnosticarlo en hombres que en mujeres. Es decir, si te va bien en la escuela nadie sospecha que tienes TDA, así que alrededor del 90% por ciento de las personas adultas que lo padecen no son diagnosticadas. La otra parte es explicada porque las mujeres tienden a ser socializadas para compensar sus síntomas y esconderlos, a diferencia de los niños varones que sólo se les deja ser.

Por esas y otras razones, actualmente hay un gran esfuerzo liderado por el doctor Russell Barkley, por cambiar el nombre y el enfoque del TDA a Desorden del desarrollo de la función ejecutiva (executive function developmental disorder o EFDD). Aunque no parece que ese cambio vaya a llegar pronto, cada vez hay más evidencia de que sería un cambio muy útil para diagnosticar y tratar este desorden. 

La función ejecutiva está relacionada con la habilidad para autoregular tu comportamiento. Cosas como planeación a largo plazo, la memoria de trabajo y la capacidad para motivarte son algunas de las funciones ejecutivas que las personas desarrollan para desempeñarse correctamente en la sociedad. Aparentemente en lugar de un parapento, hay personas que tienen un jetpack. 

Aún no sé si yo tengo este desorden. Parece que una gran barrera para buscar un diagnóstico es que incluso los profesionales de la salud operan bajo el estereotipo del TDA como un desorden de atención e hiperactividad, incluso cuando el consenso internacional dicta lo contrario: 

El TDA no es un desorden benigno. Para aquellos a quienes aflige, el TDA puede causar problemas devastadores. Estudios clínicos sugieren que los afectados son mucho más propensos a dejar la escuela (32–40%), rara vez terminar la universidad (5–10%), tener pocos o nada de amigos (50–70%), no desempeñarse bien en el trabajo (70–80%), involucrarse en actividades antisociales (40–50%), y a consumir tabaco o drogas ilícitas más de lo normal. Aún más, los niños que crecen con TDA son más propensos a embarazos adolescentes (40%) y enfermedades de transmisión sexual (16%), de ir a exceso de velocidad y tener múltiples accidentes en auto, padecer depresión (20–30%) y desórdenes de personalidad (18–25%) como adultos, y en cientos de otras formas mal administrar y poner en peligro sus vidas.

Lo que sí sé es que, diagnóstico o no, mi vida se ha beneficiado muchísimo de implementar las estrategias que normalmente se usan para manejar el TDA. Estoy cambiando mi parapento por un globo aerostático. Sé que va a tardarse más en llegar que un jetpack, y es más difícil de operar.

No importa. Me va a llevar a donde quiero. 

Para saber más:

Conferencia con el Dr. Russell Barkley sobre el ADD/EFDD.

Entrevista con el Dr. Thomas E. Brown sobre el ADD.

Serie de videos con la Dra. Tracey Marks sobre el ADD, su relación con el EFDD y herramientas para sobrellevarlos. 

Documental sobre los mitos alrededor del ADD.

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