Las maestras Zen

La mayoría de quienes aparecen en la literatura Zen son hombres. ¿Por qué, en una filosofía que supuestamente ve más allá del género, se sigue excluyendo a la mujeres del registro histórico? La realidad es que por más liberador que sea el Zen, quienes tienen acceso a estudiarlo siempre van a ser un reflejo de las circunstancias sociales y culturales de la época en la que florezca. Entonces, para ir conscientemente en contra de esa tendencia histórica que excluye a las mujeres, en este texto vamos a aprender sobre Zen a través de las palabras de sus maestras. Es muy fácil, van a ver.

Había una familia en la China de hace mil doscientos años con la particularidad de que cada uno de sus miembros estaba iluminado. Aunque el más famoso es el Layman Pang (Layman = laico, o sea que no era monje), su hija, Ling Zhao resalta en todas las historias en las que aparece, pues lo superaba en la demostración de su entendimiento:

Un día, Pang estaba sentado en su casa de paja leyendo los sūtras. «Difícil, difícil», dijo, «como tratar de esparcir diez medidas de la misma semilla de sésamo sobre un árbol». «Fácil, fácil», dijo la señora Pang, «como tocar los pies con la tierra al salir de la cama». «Ni fácil, ni difícil», dijo Ling Zhao, «en la punta de cien hojas de pasto está el significado de los grandes maestros».

Cuando digo que el Zen es fácil, puede parecer que aún así es algo que tienes que hacer, como respirar. Aunque sea fácil, lo tienes que hacer. El Zen no es fácil porque se sale de esa categoría. No es fácil en el mismo sentido que tener una mente no es fácil ni difícil. No es algo que haces.

Además, la historia anterior es un ejemplo importante, porque en la familia Pang podemos ver que no necesitamos raparnos la cabeza y vivir en un monasterio para entender el Zen. Ling Zhao y su padre viajaron por toda China visitando maestros Zen y probando sus conocimientos. Ya viejos, Pang se disponía a morir, así que se recostó dentro de una cueva. Ling Zhao entró y le dijo que saliera a ver el eclipse. Cuando salió, vio al Sol ordinario alumbrando desde el cielo, así que volvió a entrar a la cueva, donde encontró a su hija muerta y dijo: «Esta niña siempre estuvo un paso delante de mí».

Aunque evidentemente Ling Zhao tenía un entendimiento profundo, además de ser brillante al exponerlo, en la China de hace un milenio había más desconfianza en las habilidades de las mujeres, así que tenían que esforzarse más en demostrarlas. Básicamente igual que ahora. La maestra Zen Moshan Liaoran (?-895) era la líder en su congregación, así que periódicamente llegaban potenciales estudiantes a entrevistarse con ella (nota: Moshan obtiene su nombre del monte Mo, por lo que en la historia hablan del monte como si fuera ella y al revés):

La maestra Zen Moshan Liaoran de Ruizhou era la heredera de Gao’an Dayu. Un día, el monje Guanxi Xian llegó al monte Mo, donde Moshan enseñaba y dijo, «Si hay alguien aquí que sea digno, me quedaré. Si no, ¡tiraré la plataforma de meditación!»
Después de eso entró al vestíbulo.
Moshan envió a su ayudante a interrogar al visitante, diciendo, «¿Su reverencia está aquí de paseo o viene buscando el Dharma?»
«Busco el Dharma».
Así que Moshan se sentó en el cuarto de audiencias y Xian entró para una entrevista.
Moshan dijo, «¿Su reverencia, de dónde ha venido hoy?»
Guanxi dijo, «De la boca del camino.»
Moshan dijo, «¿Por qué no la cubres (esa boca)?».
Guanxi no contestó por un tiempo. Finalmente preguntó, «¿Qué hay sobre el monte Mo?»
Moshan dijo, «La cumbre no está revelada».
Guanxi preguntó, «¿Quién es el dueño del monte Mo?»
Moshan dijo, «Sin la forma de hombre o mujer».
Guanxi gritó, luego dijo, «¿Por qué no puede transformarse a sí mismo»
Moshan dijo, «No es un espíritu de zorro salvaje. ¿Así que cómo podría transformarse en otra cosa?»
Guanxi entonces se convirtió en alumno de Moshan, y trabajó como jefe de jardineros por tres años.

Aunque el monje Guanxi trataba de hacerla tropezar, Liaoran contestó cada pregunta con una inteligencia y claridad apabullantes. Cuando le pregunta que por qué no puede transformarse a sí misma y dejar de ser mujer, ella le responde con sinceridad, pero también haciendo obvio lo ridículo de su pregunta. Por otro lado, les reto a que encuentren un maestro Zen al que sus aspirantes a estudiante lo examinen con tanto escepticismo. Me pregunto por qué será.

Una maestra que se ganó fama, no sólo de poder contestar las preguntas que se le hacían, sino de destrozar a quienes intentaban retar su entendimiento del Zen, es la trituradora de hierro Liu (780-859), que a mis ojos es la ganadora del premio al mejor apodo en toda la tradición. No tenemos mucho en el registro sobre ella, pero sobreviven dos conversaciones:

La trituradora de hierro Liu se había establecido en una choza en el Monte Kuei. Gente de todos lados no podía con ella. Un día, Tzu Hu fue a llamarla y le preguntó: «He escuchado hablar de la trituradora de hierro Liu. Dicen que eres difícil de tratar. ¿Es cierto eso?»
La trituradora de hierro Liu dijo, «¿Dónde escuchó eso».
Tzu Hu dijo, «Lo dicen a la izquierda y a la derecha».
Liu dijo, «No se vaya a caer, maestro».
Tzu Hu inmediatamente le dio un golpe.

La trituradora reduce la materia más sólida a polvo. No se le puede capturar con palabras de alabo o injuria. El viejo maestro es derrotado y el único truco que puede sacarse de la manga es darle un inútil golpe.

La Trituradora de hierro Liu fue con Guishan:
Guishan dijo, «Así que has venido, vieja vaca».
La trituradora de hierro dijo, «Mañana en el Monte T’ai habrá una gran reunión y festín, ¿va a ir, maestro?»
Guishan se acostó, estirando sus extremidades.
La trituradora se fue inmediatamente.

Para entender este intercambio hay que saber dos cosas. Uno, la trituradora de hierro Liu era alumna de Guishan, quien era conocido como el búfalo de agua, y eran grandes amigos. Segundo, el Monte T’ai está a casi mil kilómetros del Monte Kuei, llegar en un sólo día sería absurdo. Están jugando un juego, como dos espejos reflejándose uno a otro, pero sin ninguna imagen que se refleje.

Zishou Miaozong (1095–1170), cuyo nombre significa «sin ataduras», fue alumna de Dahui y era una gran poeta. Así que vamos a dejar de contar historias carismáticas y vamos a entrar de lleno a lo que es el Zen:

Todos los días son un buen día:
La ley de Buda y la ley del mundo ambas completas.
No hay necesidad de buscar algo especialmente secreto y misterioso;
Lo único que debe preocuparte es que tanto el lavabo como el tazón están mojados.

La práctica del Zen no se esconde tras secretos o misterios que debes obtener de un maestro en las montañas. Está en tu plato cuando comes y cuando lo lavas. ¿Qué le falta a la vida si nos encargamos de atender a nuestras circunstancias? Ni meditar en flor de loto, ni respirar diez veces, ni recitar todos los sutras van a traer consigo algo especial. Miaozong está dándonos una lección completa, ¿la podemos escuchar?

Zhiyuan Xinggang (1597–1654) es el ejemplo más cercano que encontré a nuestro tiempo de una maestra Zen. Su familia no la dejó ir a estudiar con un maestro porque querían que se casara y tuviera hijos. Afortunadamente, el que iba a ser su esposo murió, y después de una intensa huelga de hambre, su familia la dejó ir a aprender con el maestro Yuanwu. 

Entiende la mente ordinaria y date cuenta que estás naturalmente completa.
Pregunta urgentemente dónde estabas antes de que tu madre y padre nacieran.
Cuando ves a través del método que yace debajo de todo,
Los brotes de la montaña y las corrientes que fluyen se regocijan contigo.

Xinggang nos grita la verdad y nos enseña sus entrañas con este poema. El Zen es sobre el juego de la vida, y de ahí viene su importancia. Por eso es urgente que nos hagamos estos cuestionamientos. ¿Estás jugando el juego de la vida? Si no lo haces, no importa que otro juego te hayas inventado, tú pierdes.

Antes de que mis padres hubieran nacido,
Vacío coagulado, claridad completa,
Desde el inicio no falta nada:
Nubes esparciendo rocío sobre los cielos azules.

El entendimiento al que han llegado todas las maestras Zen apunta hacia el mismo lugar, y aunque el Zen no podría ser catalogado como feminista, porque se sale de cualquier categoría, entenderlo de forma íntima disuelve las narrativas de opresión con las que nos han alimentado desde que entramos al mundo.

Para entender el Zen tienes que pasar la barrera de las maestras y maestros Zen que vinieron antes. Aquellos que han pasado la barrera pueden tener un entendimiento íntimo no sólo de Xinggang, sino de todo el linaje histórico de quienes llegan a la maestría del Zen. Caminar mano a mano, y entrar a la relación más cercana con elles. Si entiendes, ves todo con el mismo ojo con el que vieron, escuchas con el mismo oído. Toda tu actividad es puesta en movimiento y puedes asombrar al cielo y sacudir la tierra. ¿Te encuentras a Buda?, ¡lo matas! ¿Una maestra o maestro Zen? ¡Le matas!

Para saber más:

-Zen Women: Beyond Tea Ladies, Iron Maidens, and Macho Masters por Grace Schireson

-Zen Echoes por Beata Grant

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