La escuela a la que vamos todos – ensayo sobre Soul

Por Eduardo Zapata

Hay dos problemas que me saltaron a la vista cuando vi Soul y quisiera hablar de ellos. No que no haya disfrutado la película, al contrario, pero creo que vale la pena hablar de estos elementos porque formulan un par de ideas equivocadas o fallidas en el centro de la historia. 

Las películas de Pixar (y en general el cine tradicional de Hollywood) han desarrollado un aparato recursivo muy eficaz para generar y manipular las emociones de los espectadores. A través de estos recursos emocionales absorbemos ideas y perspectivas muchas veces sin siquiera notarlo. Como dice el filósofo favorito del internet Slavoj Žižek: “Todo es ideología”. Así que ahora quiero indagar sobre qué ideología nos vende la más reciente película de Pixar.

Soul es una tradicional película de pareja dispareja obligada a colaborar para volver a la normalidad que transcurre al nivel de grandes cuestiones humanas como el sentido de la vida, el determinismo, la vida después de la muerte y la naturaleza intrínseca del ser humano. Esta es la primera película del estudio que he visto (no he visto todas) que toma temas tan profundos y universales. Por eso vale la pena auscultar sus convicciones y ver qué tienen que decirnos fuera del aparato dramático que lo rodea.

Una de las principales construcciones ideológicas consiste en el sistema de “formación” de las almas. En Soul las almas nuevas son adoctrinadas a lo largo de un proceso en el que 

1) se les son dados distintos rasgos de personalidad (antes de nacer), y

2) se les aproxima a “experiencias” terrenas (como música, deportes) para que hallen un apego por alguna de ellas. A esto llaman “la chispa” y toda alma debe tener una para hacerse digna (¿?) de venir a la tierra.

El primero elemento pareciera construido casi exclusivamente para dos cosas: permitir que “22”, el alma que acompaña a nuestro protagonista a lo largo de toda la película, tenga fuertes rasgos de personalidad; y hacer chistes. (Específicamente el chiste del “megalómano manipulador intensamente oportunista”).


Este importante escalón en el proceso de formación de almas ya carga consigo una consigna ideológica muy fuerte: tu personalidad ya te es dada desde antes de nacer.

Esta primera consigna no solo es tajantemente determinista sino que además es absolutamente errada. Si bien los seres humanos ya nacemos con predisposiciones tanto del físico como de la psique, la forma en que nosotros desenvolvemos y construimos finalmente nuestra “persona” es una reacción al entorno en que nos formamos y no algo dado a priori. La autora Casilda Rodrigáñez, quien estudia la formación de la psique humana desde una perspectiva histórica de los sistemas sociales, concluye que:

“es mejor reservar la calificación de ‘ego’ a la individualización que emerge por la respuesta negativa del entorno, ya que lo que significa el desarrollo del ego (ego-ismo, ego-centrismo, ego-latría) forman parte de nuestro mundo”

Esa individualización no es intrínseca al ser humano, sino que es un efecto de los procesos y las fuerzas de los sistemas materiales del mundo. La acotación de Casilda es fundamental para repensarnos como seres perturbados por la realidad material que como humanidad hemos construido. 

La incómoda ocurrencia de Soul es que el entorno del que somos creadores (nuestro mundo) no es responsable en absoluto de la personalidad de las personas, sino que esta es un mero accidente ya ocurrido desde antes de nacer.

Esta no es una ocurrencia inocua. Recordemos el chiste del “megalómano…”. Al oírlo muchos pensamos inmediatamente en el 45avo presidente de los Estados Unidos. Y tal vez hasta aplaudimos la osadía de los guionistas. Pero ¿qué pasa cuando tomamos en cuenta la propuesta ideológica de una personalidad armada a priori? Entonces su personalidad, esa lista de características patológicas, no es un efecto de nuestro tiempo, un tiempo deshumanizadamente individualista, sino algo que ya venía, algo inevitable e independiente de nuestra sociedad. Lo mismo aplica para cualquier otra persona. 

El riesgo de sugerir que los síntomas de nuestro tiempo no son culpa de nuestro tiempo está en que no atendemos directamente las causas para cambiarlas. Todos hemos visto las estadísticas de aumento en el porcentaje de personas con depresión o con ansiedad en las nuevas generaciones. Si siguiéramos la lógica de Soul concluiríamos que dicha perturbación en la realidad personal de millones no es causada por ninguna de las opresiones sistémicas de nuestro mundo sino por un accidente metafísico y carismático en el más allá.

El segundo elemento es un poco más divertido de platicar. Cuando Joe, el protagonista, vaga por el mundo de las almas en formación, presencia cómo las almas son expuestas a distintas experiencias comúnmente explotadas en el mundo humano en forma de un empleo (o de una vocación profesional para los universitarios). Así que él asume que la chispa debe ser la vocación que cada quien tiene, y la suya es la música. Conoce a “22”, un alma que ha fracasado por milenios en encontrar su propia chispa. A lo largo de la película “22” descubre que su chispa no es una vocación sino simplemente disfrutar las experiencias sensoriales del mundo terrenal. Y Joe descubre que su chispa tampoco es la música sino otra cosa (algo como disfrutar la vida también, supongo, la película no lo deja claro).

La intención de este “arco de personaje” es que al inicio uno como espectador acepte, después de ver el desfile de almas expuestas a empleos tradicionales, que la chispa es tal vez esa vocación, para que al final uno reconozca con lágrimas en los ojos que claro que no lo era, que la vida es para disfrutarla y no para limitarla a palomear metas profesionales.

Este recurso ya lo habíamos visto hace poco en otras producciones del estudio. En Inside Out, Alegría al final acepta ceder el control emocional a Tristeza para permitir a su niña lidiar con sus emociones sanamente. En Onward, Ian al final reconoce que aunque no tuvo un padre, siempre tuvo a su hermano y le cede a él sus últimos momentos con su padre. Ambas son películas también de parejas disparejas etc, y ambos son finales emocionalmente impactantes porque en ambos los protagonistas sacrifican lo que más querían en el mundo abriendo una conclusión difícil de aceptar: “está bien no estar feliz siempre, está bien estar triste” en Inside Out, y “no haber tenido a tu papá no significa que no hayas contado con apoyo y cariño paternal” en Onward.

Joe en Soul, también sacrifica lo que más quería (¿su vida?) y también concluye con algo difícil de aceptar: “ no todo en la vida es tu sueño profesional”. ¿Entonces por qué no funciona igual?

Creo que uno de los problemas es que la manipulación en Soul es mucho más evidente. Es decir, el concepto de chispa no es algo que nosotros traigamos a la película (a diferencia del concepto de felicidad y del concepto de padre). Tal vez podamos ligar nuestra idea de un “propósito” con la chispa, pero esa relación de conceptos queda totalmente a voluntad del espectador y no es indispensable al experimentar la historia. El concepto que claramente tenemos, “la chispa”, se nos da en la película. Y después ese concepto se nos define (subtextualmente) como algo relacionado a la vocación. Esto a través de las almas que conocen empleos y entonces desarrollan su chispa. Y al final nos dicen: “Ah, ¿te acuerdas de esa relación visual que hicimos entre “la chispa” (un concepto que nosotros inventamos) y la vocación? ¡Pues te engañamos! La chispa no es vocación, maldito capitalista auto explotador. La chispa es disfrutar la vida.” 

Soul falla porque la tesis que sugiere al inicio, y que al final refuta, no viene del espectador sino que está maquinalmente armada por la película. De esta manera el apego emocional (e ideológico) no es tan fuerte y la revelación final se queda corta.

Aún así la conclusión de la película es linda: “no tenemos un propósito y lo que nos hace dignos de vivir no está ligado a una vocación”. Pero de ahí sigue un problema un poco más complejo. ¿Por qué la historia sugiere que un alma debe “hacerse digna” de vivir? Y, ¿por qué una escuela decide si lo es o no?

Lo primero es sencillamente espeluznante. Un alma puede no ser digna de vivir y quedarse varada. Ese es el caso de “22”, el alma que no logra encontrar su chispa por milenios. La película aliviana el problema mostrándola con una actitud trendy y desinteresada, pero el concepto de fondo no mejora. Hay quienes no merecen existir.

En el sistema global que hemos construido cada necesidad básica está condicionada por el trabajo. Toda persona necesita trabajar para poder pagar un techo, comida, agua y seguridad… necesita hacerse digno de vivir. Esta exigencia no radica en la naturaleza humana ni en la naturaleza del mundo físico sino en las características del mundo social que nosotros construimos, y que podríamos cambiar. Pero Soul decide que no, que es tan natural nuestro sistema capitalista (el mismo que permite que miles mueran por falta de comida, agua o techo habiendo sobreabundancia de las tres en el mundo) que incluso nuestra propia existencia ultraterrena debe exigir lo mismo: que todos se sometan al sistema para hacerse digno de vivir.

Ahora lo segundo. La “formación” de almas es presentada (muy desafortunadamente) como un sistema escolar deficiente. Si hay algo absoluta e injustamente pesimista debe ser el imaginar la existencia antes de la tierra como una escuela, como un adoctrinamiento ineludible a manos de una Voluntad Indiferente. ¿No fue lo peor de nuestra infancia y adolescencia la escuela? En Soul, la escuela determina si un alma es digna de existir en la tierra o no.

Cuando concibió la idea para la película, Pete Docter planeaba reflexionar sobre el origen de la personalidad y sobre el determinismo. Irónicamente la propuesta de la obra final es que la personalidad ya está determinada desde antes de nacer. Pete Docter y sus co-creadores fracasan rotundamente al desviar el origen de la personalidad al más allá. No sólo abandonan su indagación original, sino que muy pronto deciden incluso hacer responsable al más allá también del aumento en trastornos de origen claramente sistémico, como la depresión y la ansiedad. 

En lugar de buscar en nuestra realidad material el origen de la personalidad, y de problemas sociales graves, Soul se rinde y concluye que nada es nuestra culpa. Que el mundo está bien así. El mundo está tan bien así que incluso imagina el más allá como una extensión de este mundo: como una escuela, como un sistema que castiga a los que no se someten a él con la muerte. Pero esa escuela no está en el más allá, está aquí mismo. Esa escuela está en los videos de internet y en las noticias, está en las canciones y en las películas. Esa escuela es responsable de nuestra ansiedad, de nuestra tristeza, de nuestro miedo. A esa escuela vamos todos, y nosotros la hicimos así.

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