El punto es divertirnos

Ahora que estoy a una tesis de terminar mi carrera universitaria, he estado pensando mucho en mi futuro y en cómo quiero utilizar mi tiempo. Me parece muy importante ser responsable conmigo y con mi felicidad y pienso en las palabras de Alan Watts, sobre que es mejor vivir una vida corta y llena de lo que amas, que una vida larga donde pasas el tiempo de manera miserable.  

Es muy sencillo decir que todos tenemos que tener trabajos porque así funciona el mundo, pero siendo muy sincero, yo no creo que la vida tenga valor por sí misma. Al menos no para mí. Si voy a conseguir un trabajo que me deje exhausto sólo para conseguir dinero y estar tan cansado que mis hobbies sean consumir pasivamente, no le veo un punto. No tiene nada de malo buscar sobrevivir en este mundo horrible, pero no sobrevivimos solo para prolongar nuestra vida y continuar la especie, sobrevivimos, diría la rabina Danya,  para disfrutar de la increíble belleza que hay en esta tierra, para amar inmensamente y con valentía, y para cuidarnos unos a otros pelando por justicia y equidad para todos. 

¿Podemos ganarnos la vida sin que eso implique ser miserables ni exacerbar las condiciones de desigualdad en las que vivimos? ¿Qué pasa si alguien no quiere trabajar? ¿Qué pasa si alguien es flojo?

No hay respuestas fáciles. Debemos empezar por interrogar las preconcepciones que tenemos al pensar en el trabajo. Tenemos la idea de que entre más difícil e importante sea tu trabajo, mejor te deberían de pagar, pero hemos distorsionado lo que eso significa. Mientras que por un lado les pagamos una miseria a quienes se dedican a la educación, a la enfermería, a crear arte y a realizar los servicios diarios sin los cuales nuestra sociedad no podría funcionar (recoger la basura, sembrar nuestra comida, transportarla, etc, etc), por otro lado le pagamos millones a los abogados corporativos, y a todo empleo que se dedique a avanzar los intereses de las grandes compañías. David Graebe en su libro Bullshit Jobs lo dice mejor: 

en nuestra sociedad, pareciera que existe una regla generalizada de que, entre más obviamente tu trabajo beneficie a otras personas, menos probable es que te paguen por hacerlo. (xviii)

Sigue explicando en su libro que alrededor del 40% de las personas siente que sus trabajos no ayudan a nadie, y sólo lo hacen por el dinero y seguridad que les trae. No se necesita un análisis muy profundo para entender que pasar nuestra vida haciendo trabajos que no benefician a nadie nos hace sentir mal. Nos hacen sentir desconectados de los demás y que estamos malgastando nuestro tiempo. 

La razón de que existan tantos trabajos innecesarios es que las sociedades industrializadas han llegado a un nivel de productividad tan alto que una gran parte de las población podría dejar de trabajar sin que eso causara mayor problema. O, incluso mejor, las jornadas laborales podrían reducirse drásticamente para todos. No sucede esto, porque seguimos pensando en el trabajo como algo que todos deben hacer, y en lo que se debe de ocupar gran parte de nuestras vidas. 

A la par, hemos creado la narrativa de que si una persona falla, es porque no le echó suficientes ganas, o porque es floja. Dicen lo mismo cuando no nos desempeñamos bien en un espacio laboral, cuando batallamos con una materia en la escuela, y dicen lo mismo de quien pide dinero en la calle. Me preocupa que esa sea la forma en que me perciban. Que piensen que no quiero trabajar porque soy flojo. La verdad es que no creo que eso pueda estar más alejado de la realidad. Me encanta crear, amo aprender y realizar tareas complejas que produzcan valor. Y creo que ese es un miedo que nos detiene a muchos de hacer lo que realmente queremos, pero estoy convencido de que la flojera no existe y lo que percibimos como flojera es solo negarnos a ver lo que realmente está sucediendo:

Kim es la persona que me enseñó que juzgar a un limosnero por querer comprar alcohol o cigarros era muy tonto. Cuando no tienes casa las noches son heladas, el mundo no es amable, y todo es dolorosamente incómodo. Ya sea que estés durmiendo bajo un puente, en una casa de campaña, o en un refugio, es difícil descansar con tranquilidad. Es probable que tengas heridas o una condición crónica que te moleste con persistencia, y poco acceso a atención médica para atenderla. Probablemente no tienes acceso a mucha comida saludable. 

En ese contexto sobreestimulante y crónicamente incómodo, necesitar alcohol o un cigarro hace sentido. Como Kim me explicó a mí, si estás acostado en el frío helado, tomar algo de alcohol puede ser la única forma de calentarte un poco y conciliar el sueño. Si estás mal nutrido, unos cigarros pueden ser lo único que te alivie del hambre. Y si estás lidiando con todo esto y al mismo tiempo enfrentando una adicción, entonces sí, es posible que necesites conseguir cualquier cosa que haga que los síntomas de la abstinencia se vayan, para que puedas sobrevivir. 

Si una persona no puede salir de la cama, hay algo que la tiene exhausta. Si un estudiante no está escribiendo, tal vez hay un aspecto del trabajo que no puede hacer sin ayuda. Si un empleado no hace sus tareas a tiempo constantemente, algo está dificultando su organización, y cumplir con sus fechas de entrega. Incluso si una persona está activamente autosaboteandose, hay una razón para eso, un miedo que están trabajando, alguna necesidad que no está siendo saciada, una falta de autoestima está siendo expresada. 

Las personas no eligen fallar o decepcionar. Nadie quiere sentirse incapaz, apático o poco efectivo. Si ves las acciones (o inacciones) de una persona y solo ves pereza, se te están escapando detalles importantes. Siempre hay una explicación. Siempre hay barreras. Sólo porque no puedas verlas, no significa que no son legítimas, o que no están ahí. Mira bien. 

La barrera en este caso es que hemos creado una sociedad que nos tienes secuestrados. O juegas al Monopoly IRL o no tienes acceso a una vida digna. He hablado antes de por qué veo muy difícil que haya forma de solucionar estos grandes problemas desde abajo. Parece que o nos sacrificamos por una revolución que nunca va a llegar, o legitimamos este horrible juego. Encerrados en esa falsa dicotomía no se puede hacer nada. Y pensar que el cambio tiene que ser estructural o no sirve lleva a una visión que nos hace depender de que el gobierno haga los cambios que necesitamos. Peor aún, hace que hablar y discutir de política sea bien pinche aburrido. Como si la solución para la estructura que nos hace aborrecer el trabajo pudiese desmantelarse por medio de más trabajo aburrido. En su artículo Work Sucks, Kassandra Vee habla de por qué esta forma de pensar no sirve: 

Cuántas veces ha llegado a nosotros el llamado a la acción con esta promesa: “Debemos trabajar duro para la revolución, pero pronto, camarada, pronto podremos bajar nuestras herramientas y descansar.” No tenemos otro siglo para apostarle a esta forma de transformación revolucionaria. Podríamos en su lugar estar cultivando un deseo por aprender, amar y ser de otras formas, un placer y alegría en resistir, transformar y sanar. Porque cuando hacemos de la revolución un trabajo, va a llegar el día en que queramos renunciar, salirnos, o apartarnos: vimos cómo le pasó a los Boomers muy claramente. ¿Por qué repetir los mismos errores? Lo menos que podemos hacer es cometer nuevos. 

La idea que plantea es aceptar que el trabajo apesta, y que lo que debemos buscar como sociedad no es ponerlo en un pedestal, sino erradicarlo para siempre:

Siempre ha habido algún número de tareas poco placenteras pero necesarias, tanto en la sociedad como en la revolución, pero, ¿qué tal si dejáramos de romantizar ese hecho y de hacer héroes a quienes hacen esas tareas?, ¿qué tal si en su lugar maldijéramos esa necesidad, e imagináramos un horizonte donde de hecho todo eso fuese innecesario? ¿Qué tal si tratáramos de conceptualizar una lucha cuya meta central fuese reducir la cantidad de trabajo, tanto en los procesos de lucha, como en el mundo que queremos construir? ¿Qué tal si nosotros, junto con la industria que nos hace odiar los lunes, abrazáramos el hecho de que odiamos ir a trabajar?

¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo llegamos al mundo que queremos mientras disfrutamos el proceso?

Si yo pretendiera tener la respuesta seguiríamos cayendo en una de las trampas que más nos ha lastimado como sociedad, la idea de que se necesita un líder para guiar el cambio. No es así, y podemos abordar estos procesos con un enfoque comunitario que puede transformar la forma de lograr los cambios que buscamos. Recomiendo mil veces que lean sobre la acción directa, que es una forma de organización que me ha dado mucha esperanza, donde los cambios no se buscan a través de la burocracia gubernamental, sino directamente involucrándote con el problema. 

Cada uno de nosotros tiene que pensar en los cambios que quiere lograr e intentar alcanzarlos usando todas sus habilidades. Yo lo pienso como un juego, donde

ejercer tus capacidades al máximo es tomar placer en tu propia existencia, y con criaturas sociales, esos placeres son proporcionalmente magnificados cuando se hacen en compañía de otros. 

Y al final, ¿cuál es el punto si no podemos divertirnos? Si vamos a hacer los cambios necesarios para transformar la manera en que nuestra sociedad funciona tenemos que cambiar en el presente, empezando por disfrutar nuestras vidas.  

 

Si te gustó este artículo, me haría muy feliz que lo compartieras con tus amigos y amigas. Si quieres leer más puedes seguirme en Twitter. Y si te gustó mucho lo que escribo, puedes contribuir al crecimiento de esta página o invitarme un café por medio de Ko-fi.

2 comentarios en “El punto es divertirnos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s