Los maestros Zen

Cualquiera puede escribir un libro o un texto y ponerle Zen al título, pues hasta ahora no lo hemos podido hacer ilegal. ¿Cómo diferenciamos entre quienes lo usan indiscriminadamente como término de marketing, y los que lo usan para hablar de esa tradición? Tendríamos que empezar desde el inicio, pues resulta que la palabra Zen no es lo importante en el Zen. Realmente sólo es una palabra que se usa para describir el linaje de Bodhidharma, el primer maestro Zen.

No sabemos mucho de Bodhidharma, sólo hay rumores que llegó a China desde el oeste y que al enterarse, el emperador Wu buscó reunirse con él. En su conversación, el emperador le preguntó cuánto mérito kármico había reunido al haber sido un gran benefactor del budismo (financiando la construcción de templos, de copias de sutras, estatuas de Buddha, entre otras cosas). La conversación siguió de esta manera:

Boddhidharma: Ninguno, las buenas acciones con intenciones mundanas traen buen karma, pero nada de mérito.

Emperador Wu: Entonces, ¿cuál es el significado más alto de la verdad noble?

Boddhidharma: No hay verdad noble, sólo vacío.

Emperador Wu: ¿Y quién está parado frente a mí?

Boddhidharma: No lo sé, su majestad.

Aunque el emperador trata de hacer que Boddhidharma le dé algo de dónde agarrarse, Boddhidharma no deja que lo arrastren al infierno.

Después de este agradable intercambio, el emperador estaba comprensiblemente desilusionado, pero también lo estaba el hombre que vino del oeste, pues no logró encontrar un discípulo en China. Así, pasó nueve años viviendo en una cueva, hasta que llegó un joven Huike que había escuchado de él y quería que se volviera su maestro. Dice la leyenda que se cortó el brazo entero para mostrar su sinceridad. Yo creo que Huike era sincero, pero esa historia no. Lo importante es que le pidió a Boddhidharma que le transmitiera el sello de la enseñanza de todos los budas. Boddhidharma le dijo que ese sello no se recibía de alguien:

Huike: Mi mente aún no tiene paz. Le ruego al maestro que la pacifique.

Boddhidharma: Trae tu mente aquí y yo la pacificaré por ti.

Huike: Siempre que intento buscar mi mente, ¡no puedo encontrarla!

Boddhidharma: ¡Listo! Tu mente ha sido pacificada.

Después de entender la naturaleza de este intercambio, Huike se convirtió en el segundo patriarca del Zen. No les voy a contar sobre los seis que hubo, porque estoy tratando de que éste sea un texto accesible (já!), pero sí voy a mencionar al último de ellos; el sexto patriarca.

Resulta que el quinto patriarca hizo un concurso de poesía para determinar a su sucesor.  Como todos creían que se lo iban a dar al monje que más tiempo llevaba en el monasterio, nadie entregó un poema más que él:

El cuerpo es el árbol Bodhi.
La mente un espejo brillante.
Procura limpiarla todos los días,
y que así el polvo no se acumule.

Él y sus demás amigos monjes estaban muy orgullosos de su poema, y el quinto patriarca le dijo que estaba bien, pero que aún le faltaba para entender su propia naturaleza y la de su mente. Entonces, un muchacho que trabajaba en la cocina del templo, es decir, no se le permitía entrar a las salas de estudio ni a las charlas que daba el maestro, compuso este poema:

La mente es el árbol Bodhi.
El cuerpo es el estante del espejo.
El espejo brillante es originalmente puro y limpio.
¿En dónde podría acumularse el polvo?

Los que estaban presentes cuando el muchacho pronunció su poema estaban tremendamente sorprendidos. El muchacho se llamaba Huineng, y no sabía leer ni escribir, ni había estudiado extensamente, pero nada de eso fue necesario para que su entendimiento fuese el mismo que el de los demás patriarcas. Tenía los ojos de Boddhidharma y se volvió el sexto patriarca del Zen. Después de eso, fue forzado a huir del templo, por miedo a la ira de los demás monjes, que sentían celos de que su maestro tuviera como sucesor a este niño inculto. El monje que había escrito el primer poema decidió abrir su propia escuela y decir que ese era el verdadero Zen. Con esto, se inauguraron dos tradiciones del Zen, la de la persecución religiosa y el revisionismo histórico.

Casi seiscientos años después ocurrió la instancia más importante de lo segundo, cuando Dōgen, un budista japonés regresó a su país después de un viaje a China y le dijo a todos que había aprendido Zen. Lo chistoso es que regresó diciendo cosas que ningún maestro Zen había dicho antes de él, como que la meditación era iluminación y había que esforzarse para convertirse en Buda. Aún más chistoso es que hasta el día de hoy no hay evidencia de que haya siquiera convivido con un maestro Zen de verdad. Donde deja de ser tan gracioso es cuando Japón le creyó, y su escuela creció a tal grado que lo que nos llegó al oeste sobre el Zen pasó filtrado por su escuela. Entonces, lo más probable es que hayas escuchado que el Zen es sobre meditar por horas y una forma de budismo donde están obsesionados con el vacío. No es tu culpa.

En realidad, el Zen nunca tuvo interés por definir prácticas o conceptos metafísicos. Estaba más interesado en ver las cosas claras, y vivir una vida ordinaria. Aunque de los seis patriarcas del Zen no tenemos muchos datos, los maestros que les siguieron fueron más amables y dejaron bastante registro de su existencia.

Tenemos, por ejemplo, a Huang Po, un maestro Chino que vivió poco después del sexto patriarca. Hablando a los monjes que buscaban su instrucción, dijo:

Tu verdadera naturaleza es algo que nunca pierdes, incluso en los momentos en los que te engañas, ni la obtienes en el momento en que te iluminas. Es la naturaleza de tu propia mente, la fuente de todas las cosas, tu original brillo luminoso. Tú, la persona más rica del mundo, has ido por ahí rogando laboriosamente, cuando todo este tiempo el tesoro que buscas está dentro de ti. Es quien eres.

Además de ser un gran orador, tuvo como alumno a Linji, que nos dice que desde su perspectiva no existe el Buda, ni los seres sentientes, ni pasado, ni presente. Cualquier cosa lograda ya fue lograda, no se necesita tiempo. No hay nada para practicar, nada de que darte cuenta, nada que ganar, nada que perder. Nunca ha habido en toda la historia otra enseñanza que esta: “Si alguien afirma que hay una enseñanza que la supera, yo le diría que es como un sueño, como un fantasma”. Cuando alguien le preguntó sobre cómo alcanzar la iluminación, Linji le dijo que lo único que hay que hacer es atender a las circunstancias de tu vida. Levantarte en la mañana y ponerte tu ropa, luego ir a trabajar. Si te da hambre, come; si te sientes cansado, descansa:

¿Sabes quién está corriendo por todos lados buscando este camino? Es vivaz y energético, sin raíz alguna. Aunque intentas abrazarlo, no puedes encontrarte en él; aunque intentas alejarlo, no te lo puedes sacudir. Si lo buscas se aleja cada vez más y más; si no lo buscas, está frente a tus ojos, su maravillosa voz resonando en tus oídos. Si no confías en esto, malgastarás toda tu vida.

No hay nada aquí sobre instrucciones, mucho menos de prácticas contemplativas. Lo que es inherente a ti está presentemente activo y presentemente funcionando, y no necesita que lo busques, no necesita que lo ordenes, no necesita ser practicado ni probado. Todo lo que necesita es que confíes de una vez por todas. Esto ahorra mucha energía.

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