Lenguaje Zen

Las personas hemos desarrollado una relación muy retorcida con las palabras. Durante nuestra historia nos han servido para entender el mundo y comunicarnos entre nosotros, pero nuestro vínculo es tan fuerte que hemos cometido el error de confundir las palabras con las que señalamos, y el mundo que queremos señalar. En el Zen llaman a esto apuntar a la Luna y confundir el dedo con la Luna.

Cometemos este error fundamental en muchos niveles. Confundimos dinero con abundancia, felicidad con estatus, y a nosotros con nuestras identidades. Confundimos las historias que contamos sobre nosotros y sobre lo que sucede en nuestras vidas con la realidad. Pero las palabras nunca pueden reemplazar al mundo.

Si el Zen apunta a que las creencias que formamos con nuestras palabras son ilusiones, ¿entonces todo es una ilusión?

Un joven estudiante de Zen visitó un maestro tras otro. Así llegó con Dokuon y, queriendo mostrar sus logros, le dijo: “La mente, el Buda, y los seres vivos, después de todo, no existen. La verdadera naturaleza del fenómeno es vacía. No hay iluminación, ni ilusión, ni sabio, ni mediocridad. No hay entrega ni nada para recibir.”

Dokuon, que fumaba en silencio, no dijo nada. Golpeó al joven súbitamente con su pipa de bambú. Esto irritó bastante al joven.

“Si nada existe”, preguntó Dokuon, “¿de dónde vino esta ira?”

Nota: Este ejemplo, aunque sirve para ilustrar mi punto, no pertenece a la tradición Zen.

Cualquier lectura del mundo que niegue al mundo es una lectura incompleta. ¿Cómo podemos decir que el bastón no existe si nos está golpeando la cabeza? “El bastón” no existe, es cierto, porque esa es sólo una palabra. ¿Qué ocurre realmente? ¿Qué golpea nuestras cabezas? Si dices que no es un bastón estás siendo insincero. Si dices que es un bastón estás siendo ingenuo. No uses palabras, no guardes silencio. ¡Habla ahora!

Los maestros Zen usan este tipo de contradicciones para enseñar, pues sirven para tropezarnos con el lenguaje. Es la única forma de hablar de algo que no se puede decir. Esa es la dificultad de enseñar Zen, y la llaman la barrera sin puerta. Es fácil entrar, pero cada persona debe darse cuenta por sí misma, porque nadie puede enseñarnos.

Ōbaku le dijo a la congregación de monkes, “Ustedes están, cada uno de ustedes alimentándose de residuos de vino. Así vayan y peregrinen, ¿cuál es su verdadera posición hoy? ¿No saben que en toda China no existe un solo maestro Zen?” En ese momento un monje se levantó y dijo, “¿Y qué hay de aquellos que en otros lugares entrenan a sus discípulos y los guían en el camino?” Ōbaku contestó, “No estoy diciendo que no haya Zen, solo no hay quien lo enseñe.”

¿Cómo apuntas a algo si está en la punta de tu dedo? ¿Qué podría decirte un maestro para hacerte entender?

La iluminación es tan sencilla y tan accesible que desconfiamos cuando entramos en contacto con ella. Debería ser más difícil. Más compleja. Así que la dotamos de categorías y de pasos a seguir, y entonces la perdemos.

Por eso el Zen no habla de silencio, ni de estar libre de emociones, nada de eso tiene que ver con la iluminación. Tampoco la felicidad inmensa ni cualquier goce espiritual. El despertar sólo existe cuando nos damos cuenta realmente de cómo funciona nuestra mente.

Cuando un monje le preguntó, “¿Cuál es la doctrina que trasciende a todos los Budas y maestros?” Ummon inmediatamente levantó su bastón y dijo, “Yo llamó a esto un bastón, ¿tú cómo lo llamas?” El monje permaneció en silencio. De nuevo Ummon levantó el bastón y dijo, “La doctrina que trasciende las enseñanzas de todos los Budas y maestros, ¿no fue eso lo que me preguntaste?” El monje seguía en silencio.

Es simple. Sólo hay que entender lo que las palabras realmente dicen. El silencio del monje podrá tomarse como virtuoso en algún otro lugar, pero en el Zen es una señal de que no ha entendido. ¿Por qué no puede hablar? Aún no entiende lo que todo esto significa. ¿Tú entiendes? Si entiendes, todo esto quedará claro, pero si no entiendes, no puedes forzar el entendimiento. Debes mirar hacia adentro y descubrirlo. Todas las explicaciones son provisionales. La mente a la que llegamos en el Zen es la que existe pre-conceptualizaciones y racionalizaciones. La mente que tienes desde antes de que tus padres nacieran. ¿Quién eras antes de que tus padres nacieran? ¡Contesta!

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