Introducción al Zen

Supongo que la mayoría de ustedes ha escuchado la palabra Zen. En la mayoría de los casos, las personas asocian esta palabra a la paz y claridad mental que trae la meditación rigurosa. Si conocen un poco más del tema, tal vez también lo asocien con antiguos maestros hablando a través de acertijos irritantes y sin sentido. En realidad, el Zen no es ni sobre meditar, ni sobre la paz, ni sobre acertijos. 

Voy a tratar de explicarles qué es el Zen con toda mi habilidad, pero aún así, por su naturaleza inefable, voy a fallar. 

Lo más importante para comenzar a abordar este tema, es que el Zen no es una ciencia, ni una religión, ni una filosofía en el sentido occidental en que usamos esas palabras. La mejor manera de describirlo podría ser como una vía de liberación. Siguiendo el camino del Zen dejas de atraparte a ti mismo para vivir sin inventar discriminaciones de la realidad o preocupaciones.

Si lo anterior te suena extraño, es parte del problema que tenemos en el oeste para entender el Zen; tenemos una concepción muy limitada del conocimiento humano. No sentimos que realmente sepamos algo a menos que lo podamos poner en términos de convención. Ya sea en lenguaje hablado, en partituras para música, notación matemática y un largo etcétera. Para las vías de liberación orientales esa sólo es una parte de lo que conforma el conocimiento humano. Lo demás está relacionado con procesos intuitivos que no necesariamente podemos o debemos buscar explicar. Piensa en, por ejemplo, el proceso que debe ocurrir para que tu cerebro logre mover tu brazo. A menos de que seas un especialista en el tema, probablemente no podrás hacer gran cosa para explicarlo. Lo interesante es que incluso si pudieras describir paso por paso cómo logras ese movimiento, no te haría mejor usando tu brazo. Ese conocimiento es imposible transformarlo en palabras. 

Entonces lo que el Zen nos dice no depende de ninguna palabra o enseñanza. Es una vía para experimentar el mundo de forma auténtica al entender la naturaleza de tu mente. El problema es que tenemos la costumbre de relacionarnos con el mundo a través de las palabras, y lo que hacemos es inventar historias y juicios que confundimos con la realidad. ¿Cuántas veces has actuado por lo que piensas que la sociedad o el mundo te pide, solo para después entender que en realidad esa voz que te exige sólo existe en tu cabeza?

Para los maestros Zen, una persona iluminada es quien puede confiar en su mente ordinaria sin buscar nada externo. 

La gran pregunta que sigue es acerca de cómo alcanzar esta perspectiva iluminada, y es en este punto donde el Zen se diferencia de cualquier otra tradición. Mientras que el hinduismo utiliza la mortificación del cuerpo y el budismo se adhiere a prácticas contemplativas, el Zen considera fútiles este tipo de acciones. En el Zen, la iluminación es instantánea y no existe el concepto de trabajar para alcanzarla. No existen etapas de iluminación ni instrucciones a las cuales apegarse.

Y eso es lo que me atrae del Zen. Hasta donde alcanza mi conocimiento ningún otra escuela trabaja bajo esta perspectiva. La iluminación en el Zen no se plantea como algo inalcanzable o que sólo llega después de varias vidas de esfuerzo. En el Zen siempre hay esta sensación de que despertar es algo bastante natural y dolorosamente obvio. El ideal iluminado en el Zen es cuando una persona es casi milagrosamente natural sin que sea su propósito serlo. Ningún maestro, ningún texto, y ninguna vía de liberación, ni siquiera el Zen, pueden decirte revelarte tu propia naturaleza. La diferencia es que el Zen no lo intenta, sólo quiere que lo hagas.

Para saber más:

-Puedes leer sobre el Zen a través de las palabras de sus maestros y maestras con estos textos que escribí.

– Instant Zen, una de las mejores y más accesibles introducciones al Zen.

The Recorded Sayings of Zen Master Joshu, un libro de historias sobre uno de lo maestros Zen más brillantes de la tradición.

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