Qué está pasando en Venezuela

Unas semanas atrás el internet se vio inundado por noticias acerca de la crisis de legitimidad que ocurre en Venezuela. Si te lo perdiste, surgió una oposición al régimen de Nicolas Maduro, que culminó con Juan Guaidó proclamándose presidente encargado del país. La escena internacional ha complicado la situación con algunos países apoyando a Guaidó, otros a Maduro y algunos otros tratando de no intervenir.

Quienes apoyan a Guaidó  lo ven como la esperanza de que Venezuela regrese a la estabilidad. Y aunque sí es una figura atractiva, el apoyo gringo de un régimen de oposición en América Latina enciende alarmas de preocupación al considerar su historia de intervencionismo que siempre ha terminado mal para los latinoamericanos, pues se enfoca poco en lograr procesos democráticos y mucho en extraer recursos naturales, lo que en el caso de Venezuela significa petróleo.

Pero, dirás, Maduro es un dictador y la gente en Venezuela tiene hambre. ¿No es eso más importante que continuar nuestra terca vendetta contra los Estados Unidos? Sí sería más importante, pero no podemos separar la historia de Venezuela con la de la intervención gringa, e incluso la imagen de dictador que tiene Maduro y que antes de él tenía Chavez, no podemos entenderla sin verla desde ese contexto.

En 1999, después de casi dos décadas de crisis que resultaron en una agravada desigualdad económica, Hugo Chavez es elegido presidente de Venezuela por sus ideas socialistas que buscaban terminar con la pobreza del país. Principalmente quitándole el control y los beneficios de la venta del petróleo a la oligarquía en el poder e implementando programas sociales con los recursos obtenidos. Para la sorpresa de algunos, fue muy efectivo haciéndolo, y durante su mandato la pobreza disminuyó casi a la mitad.

Evidentemente, a los Estados Unidos no les gustó esto, pues es más fácil explotar a los países si son respaldados por el propio gobierno. Así que durante años intentaron quitarle el poder y restaurar al antiguo régimen. Como en el 2002, cuando apoyaron un golpe de estado que aunque falló y Chavez logró mantener el poder, definió la imagen que Venezuela tendría frente al resto del mundo bajo su régimen. En los años que siguieron Estados Unidos impuso una serie de sanciones a Venezuela, lo cual ha sido parte de su modus operandi para desestabilizar países latinoamericanos desde hace décadas. Lo logran, primero, por medio del caos económico:

porque este es el más fácil de crear para los Estados Unidos. Se corta la ayuda exterior, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial detienen los préstamos, los bancos privados de los Estados Unidos detenien los préstamos, piezas de repuesto para máquinas manufacturadas en los Estados Unidos son negadas.

Después, por medio del caos social:

Después de crear un ambiente lleno de tensión, se culpa de la situación al gobierno. Primero en la ideología que el gobierno representa (socialismo), y luego en el gobierno mismo. Primero insinuándolo, y luego de forma explícita. Primero con humor y después a través del miedo. Primero se asesina el carácter, y luego se asesina físicamente.

Así, durante años, la imagen de Chavez que nos llegó a través de los medios gringos era la un dictador en un régimen en decaimiento. Para cuando Chavez murió en el 2013, la situación de Venezuela era grave. Los bloqueos comerciales y la caída del precio del petróleo habían dejado al país pocas salidas, y el intento del gobierno de Chavez por diversificar la economía venezolana había fallado rotundamente.

Bajo este panorama entra como presidente Nicolás Maduro, quien había sido elegido por Chavez para asumir el mando cuando llegara su muerte. La imagen de Maduro en los medios internacionales es bastante similar a la que tenía Chavez: un dictador socialista que tiene a su pueblo padeciendo de hambre.

Lo que ha hecho llegar al consciente popular la Venezuela de hoy, fueron las elecciones del 2018, donde Maduro fue reelegido para otro término. Diferentes países y algunas organizaciones internacionales como la Unión Europea y la OAS se negaron a validar las elecciones y por lo tanto, la presidencia de Maduro. Sin embargo, ni la Unión Europea, ni el resto de los países que piden transparencia enviaron observadores para las elecciones, incluso cuando fueron invitados a hacerlo. La OAS más que un organismo independiente se ha convertido en un vocero gringo, y lejos de una búsqueda por democracia, libertad y elecciones libres, parece un intento de los poderes europeos y norteamericanos para deslegitimar un gobierno elegido por el pueblo latinoamericano, como ya han hecho muchas veces.

La situación de la comida en Venezuela es complicada de explicar, pero se asemeja mucho a la estrategia de Nixon de “hacer a la economía gritar” para evitar que Salvador Allende llegara al poder en Chile. En Venezuela, los problemas con la comida no son tan sencillos como un encabezado nos puede hacer pensar. Los desabastos de comida son reales, pero no toda la comida es igual de importante, y en Venezuela faltan algunos alimentos procesados (leche en polvo, harina de maíz precocida), pero aún se pueden encontrar productos frescos (queso, leche, gachas de maíz). Esto se explica en parte por los bloqueos económicos y la retención de alimentos de algunos empresarios que han acabado casi completamente con el acceso a alimentos procesados (excepto en restaurantes y oficinas), y el acceso a alimentos a nivel local que aún existe y que se ha vuelto la base alimenticia para la mayoría de los venezolanos.

Aunque la imagen más común del protestante venezolano es de una persona de clase trabajadora batallando para sobrevivir, la realidad es que la mayoría de los protestantes vienen de la clase acomodada y no tienen muchos problemas para gastar su dinero en bares costosos los fines de semana.

La información acerca de la situación que se vive enVenezuela es escasa, e históricamente los Estados Unidos se han especializado en provocar este tipo de confusión mediática para desestabilizar los gobiernos que se puedan oponer a sus intereses. Tenemos una obligación con las personas de Venezuela de ser críticos con lo que leemos y no propagar notas de forma impulsiva, especialmente si queremos opinar sobre el tema.

Debido a la naturaleza mediática del problema, es difícil encontrar información confiable que nos ayude a entender lo que sucede. Las fuentes de información “neutrales” nunca han existido, y el caso de Venezuela lo pone en evidencia.

Es probable que los problemas no se terminen pronto, así que hay que seguir prestando atención sobre lo que ocurre en la república bolivariana, porque las sanciones económicas continúan, la situación de los derechos humanos es preocupante, y el contrabando en la frontera sigue afectando su economía. El problema es complejo, y reducir el discurso a sus elementos más llamativos sólo entorpece la discusión. Cuando se trata de una guerra de información, como es nuestro caso, las peores heridas son las del fuego amigo.

 

 

 

 

 

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