En defensa de lo cursi

Cuando hablamos de arte, lo cursi es, para la mayoría de la gente, una palabra que está vagamente asociada con el mal gusto, aunque no siempre sepan de qué tipo de mal gusto se habla. Lo que queda claro es que si algo es cursi, no es arte verdadero, y es motivo de burla.

Sin embargo, creo que se nos escapa, cuando hablamos de lo cursi, que la palabra tiene una historia y que su concepción tiene circunstancias e intereses muy particulares.

Hay quienes dicen que la palabra cursi viene del apellido francés “Sicur”, una familia clase mediera que era conocida por usar vestimentas de mal gusto. Otros dicen que viene de la letra cursiva, cuyo estilo se asociaba con lo extranjero, las clases medias, y lo poco auténtico.

Aunque no sabemos exactamente cómo surgió, todas las teorías sobre su nacimiento tienen un trasfondo compartido: es la clase media intentando aparentar el buen gusto de las clases altas. Así que de entrada es un concepto que busca colgarse de la falsa dicotomía entre el arte sofisticado de las clases altas, y al arte popular de las clases bajas. Es un término que busca colocar a cualquiera que no sea de la clase alta, como externo al arte. Como un impostor.

Además hay una característica con la que se ha asociado a lo cursi históricamente y que incluso podría ser más relevante para nuestra discusión: la feminidad. Como vivimos en una sociedad que por mucho tiempo ha considerado al arte hecho por mujeres como inferior, se sigue que lo cursi también sea poco respetado en la consciencia popular. Más específicamente, el sentimentalismo con el que la mayoría de las personas ubica a lo cursi se trata de una virtud “femenina”, así que es rechazado y despojado de su valor artístico.

Yo creo que más bien ese sentimentalismo puede ser una fuerza, y que, aunque generalmente el arte actual busca explorar emociones matizadas y sutiles, también existe otra dirección. Un arte que busca lanzarse de lleno hacia la expresión de un sentimiento particular, y utiliza todos sus elementos para llevar al límite el efecto que pretende despertar en un espectador que esté dispuesto a comprometerse con esa visión. Vamos a ver cómo lo logra.

En el video musical de Vikki Carr y Ana Gabriel, Cosas del amor, canción del álbum epónimo de 1991, tenemos un ejemplo perfecto. La canción es acerca de un par de amigas, y el dolor de una relación en proceso de terminar.

En la primera mitad de la canción, Gabriel, la que tiene el conflicto, canta acerca de cómo está perdiendo a su pareja y no sabe qué hacer. Carr intenta hacerla conservar la esperanza y le dice a su amiga que debe poner todo de sí para recuperar la relación.

En la segunda parte, presenciamos el eclipse lunar del 11 de julio de 1991 mientras las dos amigas lo observan por la ventana. A Gabriel la agobian sus sospechas de que exista otra mujer que la esté desplazando y Carr le ofrece otras explicaciones para tranquilizarla.

El estilo del video no es nada fuera de lo común. La iluminación se mantiene constante y uniforme para que las cantantes puedan moverse con libertad sin que se oscurezcan debido a sus movimientos, por lo que todo el video es muy claro, excepto por el momento del eclipse, que contiene casi un minuto donde todo se oscurece.

Sin embargo, el video es tremendamente efectivo si uno está dispuesto a comprometerse con el conflicto que se nos presenta. Es así gracias a pequeñas decisiones que hacen que el video use todas sus partes para lograr y mantener un tono muy específico. Por ejemplo:

Cada oración pronunciada sólo admite una lectura literal, y la actuación sirve para enfatizar los tonos emocionales que se quieren alcanzar. No hay usos de figuras retóricas en la letra de la canción, excepto los que ya tienen un significado bien cimentado en el consciente colectivo, léase: lugares comunes (“tengo el corazón herido”).

La única parte del video que deja lugar para interpretación es el eclipse que presencian las dos mujeres, e incluso el uso de esta figura podría adjudicarse simplemente a que los eclipses son inherentemente dramáticos. Por eso son usados frecuentemente en la ficción para enfatizar momentos importantes para la historia y marcar algún evento como mágico aunque los eclipses sean fenómenos astronómicos relativamente comunes.

La otra interpretación que podría darse al eclipse es interpretar a los astros como se hace normalmente en la cultura occidental: el Sol es una figura masculina y la Luna, femenina. El eclipse solar coincide en la canción con la revelación de que Gabriel sospecha que su marido tiene otra mujer. La figura entonces se vuelve clara: el Sol, la figura masculina, es arrancado de sus vistas por un astro femenino invasor.

Lo importante de poder hacer estas dos lecturas es que el significado superficial sigue ahí. Se puede ignorar, o no admitir la posibilidad de que la luna tenga una relación directa con las palabras cantadas y aún así logra su efecto; dramatizar la escena.

El sentimentalismo puro y exaltado es potenciado progresivamente con cada elemento del video que agregamos. Si iniciamos simplemente leyendo la letra de la canción uno se puede dar cuenta de que usan palabras muy cargadas emocionalmente como “dolor”, “sufrimiento”, etc.

Si a eso se le agrega la música, el efecto mantiene la misma dirección, pero sube de intensidad. Además, ahora hay contraste y énfasis, cuando cantan suavemente, la música es casi inexistente, sólo escuchamos unos sonidos de sintetizador (creo) en volumen bajo, lo suficiente para que el silencio no sea total. Pero cuando cantan el coro y las voces entran con fuerza, también la música sube de volumen y se introducen las percusiones.

Por último, al estar en la experiencia completa del video, se pueden apreciar detalles visuales como los close-ups constantes, que facilitan la intimidad. Los movimientos de agitación de la cámara que ayudan a enfatizar la intensidad del sentimiento. Además, la interpretación que dan las cantantes a sus personajes agrega otro nivel a una experiencia ya bastante saturada. Como las caras expresando un sufrimiento que no deja mucho a la interpretación (pensemos en Gabriel agitando la cabeza mientras la música sube de volumen).

Todos estos elementos están ejecutados de tal manera que la reacción sentimental sea lo más directa posible. En este sentido, es un video musical cursi y muy efectivo. Tal vez por eso es tan popular.

Diciendo esto quiero enfatizar que ser caracterizado como cursi no le quita valor de ninguna manera. Parte de lo que quiero al escribir esto es ayudar a disolver las distinciones entre arte alto y arte bajo, o arte bueno y arte malo. Este no es sólo un video cursi, es un gran video cursi.

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