Slam Dunk

Slam Dunk es el manga de 1990 responsable por la popularidad del basquetbol en Japón. Antes de que Slam Dunk existiera, el basquetbol era conocido por muy pocos y no tenía una gran audiencia. Por lo tanto, su atractivo nunca fue la temática deportiva de su presentación; logró envolver al público gracias a su excelente habilidad narrativa y a la claridad dramática de su ejecución .

En el anime que hicieron unos años después para la televisión, seguimos a Hanamichi, un estudiante de preparatoria bastante engreído, con grandes habilidades físicas y cero conocimiento o interés por el basquetbol. Un día conoce a Haruko, una muchacha a la que le encanta el basquetbol y quien, al ver su potencial, lo convence de unirse al equipo de la escuela. Su fuerza y rapidez lo hacen destacar en la cancha, pero no lo ayudan a encestar. Así que si quiere volverse una estrella e impresionar a Haruko, debe entregar todo de sí al practicar los movimientos básicos, aunque sean aburridos. Debe ser paciente y entrenar su técnica todos los días.

Conforme progresa su entrenamiento y comienza a jugar en partidos, su actitud arrogante se vuelve frustrante, porque es muy obvio que no puede cumplir con su altanería injustificada, y que su boca le queda grande. Eventualmente, cuando logra volverse competente, uno puede regodearse de sus victorias en la cancha. Su vanidad se convierte en algo que podemos disfrutar junto con él porque, sí, la modestia es buena, pero disfrutar de las recompensas de tu esfuerzo sin inhibiciones lo es aún más.

Una de las características más llamativas de Slam Dunk es que encuentra conflicto y drama en lugares que otras series no pueden. Crea tensión con acciones sencillas que avanzan la trama de manera gradual. Es decir, hacen que lo pequeño se sienta épico. Por ejemplo, cuando hacen de aprender un tiro simple como el layup, una experiencia dramática, pues de este tiro dependen las posibilidades de Hanamichi de tener una manera de anotar. Para él, ese tiro representa la diferencia entre ser un jugador que sólo es rápido y fuerte, y ser uno que puede poner puntos en el tablero. Sin embargo, se rehúsa a aprenderlo porque no lo ve como una forma impresionante de anotar como lo es el slam dunk.

Además, utiliza esos pequeños grandes momentos para ser una serie con mucha empatía, la cual extiende tanto al equipo que seguimos, como a sus rivales. Al humanizarlos, podemos ver a Hanamichi jugar no contra gigantes invencibles, sino con un equipo de personas que también han trabajado duro para ser competentes, y que se van a sacrificar sin dudarlo en miras de anotar otro punto. No porque quieran hacer perder a nuestros protagonistas, sino porque respetan su propio deseo de llegar a la victoria.

Muchas veces, al estar ambos equipos al mismo nivel, deja de ser una lucha por ver quién es más alto o más veloz, y se reduce a una batalla de voluntades. Así, Slam Dunk explora de manera profunda la forma en que el espíritu humano puede alcanzar cosas increíbles si se lleva al límite. Los dos equipos dentro de la cancha deben desearlo con todo su ser, sin que ningún jugador quede excluido. Si alguno duda o piensa que su participación no es necesaria para conseguir la victoria, todo termina.

Por esa razón, una de las mejores cualidades de Hanamichi es su disposición para seguir aprendiendo y mejorando. Al no tener ningún conocimiento técnico lo único que puede hacer es entregarse totalmente al entrenamiento. A veces, desearlo más que todos los demás es suficiente para cambiar el rumbo de un partido, incluso si no es suficiente para ganarlo.

Esa pasión y entrega con la que juegan basquetbol es tan contagiosa que se vuelve una de las mayores fortalezas de Slam Dunk. Fuera de sus aciertos al dramatizar los partidos, o lo cercano que se siente el personaje principal, lo más memorable de la serie para mí, es la imagen de un antiguo jugador de baloncesto tirado en el suelo, con lagrimas en los ojos, admitiendo que lo único que quiere es volver a jugar basquetbol. El enojo que cargaba consigo a todos lados era producto de estar lejos de lo que amaba y no haber sabido lidiar con ello.

Gracias a Slam Dunk vivimos el desarrollo de esa pasión junto con Hanamichi, que comienza totalmente desde cero, y por motivos algo bobos, pero podemos presenciar cómo su relación con el basquetbol crece con cada partido y entrenamiento. Al final, ya no juega para impresionar a Haruko, o a cualquier otra persona. Juega para sí mismo, y porque es imposible estar lejos de lo que ama. Si algo nos pueden enseñar Slam Dunk y Hanamichi es lo valioso que es sentir ese amor por algo, pero además, que ese amor no es inherente, debe de trabajase, poco a poco, cada  día y cada entrenamiento. Todos podemos llegar a sentirlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s