Un personaje secundario fuerte (Yū Yū Hakusho)

Yū Yū Hakusho es un anime de los 90 que aún no termino de ver. Aún así, mi capitulo favorito hasta ahora, y tal vez uno de los que mas me han gustado en todo el anime, es el tercer episodio. Es muy bueno, y la razón es un poco extraña. Se enfoca en un personaje con el que, hasta este punto en la serie, hemos tenido un contacto mínimo. Kuwabara es el rival del protagonista y sus apariciones hasta este momento estaban contadas. En el primer capitulo provoca a  Yūsuke para que peleen porque quiere demostrar que es mejor que él (Kuwabara termina obteniendo una paliza). Después va al funeral de  Yūsuke y le grita que tiene que regresar a la vida porque no debía morirse sin ser derrotado por Kuwabara. Y por último Yūsuke roba su cuerpo para comunicarse con Keiko.

Con sólo estas tres impresiones en su curriculum, parece muy arriesgado dedicar un capítulo entero a él, siendo que es un personaje que no conocemos, que nos desvía totalmente de la trama principal y, de nuevo, después de sólo dos capítulos de haber comenzado la serie. Pero el poder narrativo de este anime supera las expectativas rápidamente, pues lo que nos da es un excelente capítulo que deberías ver y yo estoy preparado para spoilearte.

Hasta este momento en la historia, lo que sabemos de Kuwabara es que es la contraparte de Yūsuke. Ambos son agresivos, no les va bien en la escuela, y les gusta pelear para mostrar dominación sobre otras personas. Kuwabara es un poco menos inteligente y un poco más bruto. En todas las categorías, excepto tal vez estatura, siempre está en el segundo lugar comparado con Yūsuke.

Al comenzar el capítulo somos introducidos a un día normal con Kuwabara. Está con sus amigos pasando el rato y se meten en peleas. Este día, sin embargo, no es como los otros, pues al llegar a la escuela Kuwabara es confrontado por un profesor con intenciones de expulsarlo, quien lo pone en una encrucijada. O deja de pelear (su mayor satisfacción en la vida) y encima aprueba un examen difícil, o uno de sus amigos ya no tendrá derecho a trabajar después de clase. Como la mamá de su amigo está enferma y sus hermanos son muy chicos para trabajar, él es el único soporte para su familia. Este permiso para trabajar es de importancia crucial.

Los chicos contra los que peleó ese mismo día regresan por la revancha, y aunque él bien podría responder a sus agresiones, no lo hace. Debe tomar el castigo de los golpes sin regresarlos y aguantando sus burlas. Me recuerda un poco al momento de One Punch Man donde el ciclista sin licencia enfrenta a un monstruo muy por encima de su nivel. Pero me recuerda porque es exactamente lo contrario. Mientras el ciclista sin licencia no tenía ninguna oportunidad contra el Rey del Mar, Kuwabara sí podría derrotar a los chicos de la otra secundaria, pero no lo hace. Les dice claramente que no se va a defender, incluso cuando su instinto, sentido de honor y de supervivencia le dicen que se levante a pelear. No responde, solo se queda inmóvil, recibiendo todos los golpes desde el suelo.

Además se enfrenta a un reto menos deslumbrante, pero posiblemente más revelador de su verdadero carácter, y de la fuerza de voluntad que lo vendrá a definir como personaje; debe sacar 50 puntos en un examen de una materia que, si el pasado es alguna indicación, no se le facilita. Con sólo 7 aciertos en el intento anterior, está muy lejos de poder aprobarlo, pero no desiste. Estudia arduamente. No por él, por su amigo. En esta situación aparentemente imposible es comprensible que haya necesitado una ayuda extra de parte de alguien en el mundo espiritual, así que Yūsuke llega a socorrerlo y le hace preguntas del examen en sus sueños para maximizar su tiempo de estudio.

El punto de quiebre para Kuwabara llega cuando saca el puntaje que necesita, pero el profesor le baja la calificación de todas maneras. Después de aguantar paliza tras paliza, de estudiar con tanto esmero y desvelarse para poder entender el material, parece que todo ha sido para nada. Quiere golpear al maestro, así que lo toma por el cuello y se prepara para hacerlo. La única salida para su furia es la violencia a la que está acostumbrado, y parece que va a ceder, pero se detiene. No lo golpea, incluso si ha perdido su oportunidad, pues no quiere ganarse también la expulsión de la escuela. La resolución del conflicto es un poco insatisfactoria, ya que sólo llega cuando otro maestro se da cuenta de la situación y le regresa su calificación legítima a Kuwabara.

El episodio termina con una sensación de agradecimiento, Kuwabara no está seguro de que lo hayan ayudado desde el mundo de los espíritus, pero lo presiente. Sin embargo, algo que queda claro es que aún sin la ayuda Kuwabara dio todo de sí para poder salvar a su amigo. Kuwabara tiene no sólo la fortaleza física para ganar los pleitos en los que se mete a diario, sino la fortaleza de espíritu para luchar por lo que es correcto sin desfallecer y, más importante para nosotros, la fortaleza de caracterización para mover un capítulo entero casi sin ayuda del personaje titular. Y eso, me parece, sigue siendo su hazaña más grande.

 

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