Nosotros, la música y la carretera (Baby Driver)

Baby Driver es muy emocionante de ver y tiene un encanto innegable. He estado escuchando el soundtrack en loop todo el día y sigo sin dejar de repasar la película en mi mente. Pero no soy solo yo, la música de Baby Driver se queda en tu cabeza incluso mucho después de salir de la sala del cine porque está ligada a la película de una manera muy profunda. Además sincronizarse con sonidos y movimientos en las escenas de acción, la música ayuda a construir la película temática y emocionalmente.

Aunque la trama no es nada del otro mundo, e incluso tiene algunos lugares comunes que pueden distraer a veces, la dirección de Edgar Wright es tan impecable que eleva una historia sencilla y la convierte en una película brillante. La usual atención al detalle de Wright es explotada al máximo aquí, a tal punto que mientras estaba en la película, no quería ni abrir los dulces que contrabandee dentro de la sala para no perderme ni un segundo.

La película funciona de maneras en las que otras de su mismo género se quedan cortas. Muchas veces las películas de acción no tienen mucho que ofrecer además de explosiones y persecuciones, y eso está bien a veces, pero se sienten vacías y emocionalmente insatisfactorias. Claro, ver a John Wick derrotar a un grupo de gente armada es impresionante, y las persecuciones en Mad Max nos tienen en la orilla de nuestro asiento, pero cuando las estamos viendo, lo que hay en la pantalla no es lo único que hay. Los golpes y las balas son un instrumento para contar una historia y reflejar una visión artística, y parte de lo que hace a un trabajo artístico valioso es que es único. Es decir, si tomas una premisa similar a Baby Driver para hacer una película, pero dirigida por Nicolas Winding Refn obtienes Drive. Con todo y un soundtrack asombroso. Sin embargo son experiencias totalmente distintas, y no solo por la divergencia en la historia.   

De esta manera, solo Wright pudo haber hecho Baby Driver, porque metió tanto de él en ella. Todo su conocimiento y amor por el cine y la música fue canalizado para traernos una gloriosa combinación de géneros donde las convenciones del ‘heist film’ y de los musicales son rotas, mezcladas y explotadas para su máximo efecto. Cada escena es hecha con mucho cuidado, de tal forma que una escena de diálogo expositivo puede resultar interesante y no una tediosa tarea que solo sirve para pasar a la siguiente escena.

Todo esto contrasta de manera importante con una serie que también vi esta semana; The Defenders. Aunque las series que le precedían habían tenido varios logros individuales en distintos aspectos, uno de sus más grandes era que cada una se veía y sentía diferente. Inmediatamente podías identificar de quién era la historia que se estaba contando ya fuera por la música, los colores o incluso la manera en que grababan las escenas de acción. The Defenders tomó todo esto y en lugar de usarlo para desarrollar su propio estilo, terminó con escenas de acción blandas, trabajo de cámara sin personalidad y edición casual.

Es casi un cliché en este punto hablar de la línea de ensamblaje que es el proceso creativo de Marvel,  así que hasta aquí lo dejo, pero creo sí sirve para ilustrar lo que hace  a Baby Driver tan especial. No es un blockbuster de verano más, es una película que intenta decirnos algo, aunque ese algo solo sea que está con madre disfrutar de la música y las películas. Más que nada, Baby Driver es una película divertida. Y eso es todo lo que tiene que ser.

 

Baby Driver sigue en cines, búscala antes de que la quiten.

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