Love encuentra su voz en una entretenida segunda temporada

La segunda temporada de Love logra superar una poco-más-que-pasable primer temporada y pasa a ser una serie con un punto de vista fuerte que vale la pena ver. Sigue siendo aburrida a ratos, especialmente en los primeros capítulos, pero aprendió a explotar sus puntos fuertes de distintas maneras:

Usa el tiempo como ninguna otra comedia romántica 

Normalmente se sobreentiende que el cine y la televisión no pueden mostrarnos todo lo que sucede en la vida de los personajes, así que nos ahorran tiempo por medio de montajes u otras técnicas. Love, en su búsqueda por ser realista, no teme enseñarnos todas (en serio, todas) las interacciones de Gus y Mickey. 

Dieciocho capítulos de media hora son suficientes para que dos personajes sientan que se conocen, y que nosotros sintamos que los conocemos. Pero en Love, esos diez y ocho capítulos son poco más de un mes, así que cuando un personaje le dice a otro que “apenas y se conocen” (como de hecho sucede), parece una incongruencia.  

El amor de Gus y Mickey no es el que nos han entrenado para identificar en pantalla. No se ven y se declaran amor eterno a primera vista, sino que son personas reales que avanzan en sus relaciones con cautela, y entran en confianza poco a poco. 

Esa es la razón por la que Love se siente como una comedia romántica en cámara lenta. No hay inflexiones de la trama forzadas, ni prisa por juntar a los protagonistas más de lo que el proceso natural permite. El realismo de Love necesita paciencia, pero para aquellos que esperan, les espera un trato matizado y honesto de una relación entre personas que, sí, son mucho menos que perfectas, pero también son reales.

Reconoce que cada personaje tiene una perspectiva única

En el mundo de Love, las historias que nos contamos acerca de nosotros y nuestras relaciones son tan importantes como los hechos reales. Por eso el capítulo que cierra la temporada tiene distintas cargas emocionales para cada uno de los tres personajes involucrados:

Dustin ve a Gus y su relación con Mickey como un impedimento para llegar a la verdadera historia. La historia donde Mickey estaba saliendo con un perdedor hasta que Dustin la convenció con su perseverancia. “La historia que le van a contar a sus hijos”, dice.

La historia de Gus es sobre la culminación de un proceso en el que aprendió, al menos superficialmente, a tratar a Mickey como una persona que debe trabajar en sus problemas, y no una a la que debe salvar. Mickey parece que usa el beso como el equivalente amoroso de esconder la mugre debajo de la alfombra. Una manera de evadir su culpa y emociones conflictuadas, en lugar del reconocimiento de ellas que normalmente viene asociada a la declaración de amor. 

Todo esto choca y nos deja angustiados. Sí, Mickey y Gus son terribles personas y no se hacen ningún bien al estar juntos, pero la serie nos deja con una sensación de que si solo trabajaran más en sí mismos, podrían ser buenos el uno para el otro. Es decepcionante verlos caer en sus mismos patrones autodestructivos una y otra vez,  pero también muy entretenido.

Es televisión de una manera que no todas las series de Netflix llegan a serlo

Hace poco hubo dos eventos que me llamaron la atención. El primero, y del que probablemente escuchaste, es de la película de Breaking Bad. Es interesante de ver, pero queda claro que no es una historia que se pueda contar en el formato de película. Simplemente no hay suficiente tiempo para que la historia se desarrolle.

La segunda es una entrevista a los creadores de Game of Thrones donde hablan de cómo ellos ven a su serie como una “película de 73 horas”. Ambos casos revelan una perspectiva que muchos productores y creadores de series tienen sobre la televisión, en donde se rehusan a aceptar que el formato televisivo no es solamente “como el cine pero más largo”.

Ninguno no es inferior al otro, pero sí se prestan para diferentes tipos de historias. Tomar al episodio de televisión como la unidad fundamental narrativa aún tiene sus ventajas, y Love las explota esta temporada. En particular en el que probablemente es el mejor episodio de la serie hasta ahora; “Shrooms”.

El capitulo juega dentro de la tradición de los episodios con drogas, pero sin salirse de su mundo. No hay saltos en el tiempo ni lentes borrosos, tampoco imágenes psicodélicas o alucinaciones, solo un grupo de personas tomando drogas, divirtiéndose y revelándonos sus personalidades en el proceso. El capítulo sirve como un parte aguas, no solo de la serie, que mejoró significativamente a partir de ese punto, sino como un sembrado de la relación entre Mickey y Gus. Él la aparta de el precipicio y ella lo acerca.

La primer temporada de Love terminó con un beso que nadie en la audiencia quería que sucediera, pues era evidente que ni Gus ni Mickey estaban listos para una relación. En la segunda temporada, el final ocurre de la misma manera; con un beso. Ahora sumado a la decisión de Gus y Mickey de comenzar a tener una relación estable.

La similitud entre los finales sirve de contraste para permitirnos ver cómo ambos momentos, aunque semejantes, suceden en etapas muy distintas en la historia de la pareja: cuando termina la primer temporada son dos personas, casi desconocidas, que sienten atracción mutua. Ahora, al término de la segunda, se están volviendo partes cada vez más importantes de la vida del otro. 

Es difícil decir si ha habido un progreso o se hunden más en sus trastornos. Parece que lo mejor sería que se alejaran lo más posible el uno del otro, pero quién sabe, tal vez también la gente horrible se merece encontrar el amor.

Ambas temporadas de Love están disponibles en Netflix.

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